El sistema de cultivo arrocero en el Delta del Ebro es cíclico. Desde el mes de abril hasta septiembre (época de recogida del arroz), el agua dulce circula desde el río, pasando por canales y acequias, hasta los campos y desemboca en las lagunas litorales y de estas al mar. Por el mes de diciembre se cierran las compuertas de entrada y el agua permanece estancada en campos y canales, donde se evapora durante el invierno hasta llegar a la sequía casi total al final de febrero. Durante el mes de marzo los campos se trabajan y se preparan para la siembra, y en entonces quedan totalmente secos, hasta que vuelven a inundarse en abril y vuelve a comenzar el ciclo. De este modo, la dinámica hidrológica junto con ciertos fenómenos naturales enmarcan el Delta del Ebro en una situación atípica, puesto que la salinidad de los lagos es más alta en invierno que en verano, mientras que tendría de ser al revés, puesto que la evaporación del verano debería concentrar las sales, pero la aportación de agua dulce en esta época hace que acontezca lo contrario. Este fenómeno extremamente singular, unido al ciclo de productividad del arroz, hace que los ritmos biológicos se alteren, de forma que se ha podido apreciar que el verdadero regulador, el reloj biológico que marca la pauta en las fluctuaciones poblacionales de la fauna es el cultivo del arroz. Como ejemplo se puede mencionar el retardo en la nidificación de muchas aves respeto al que les correspondería en otros lugares de latitud similar, adecuando así el nacimiento de las crías a la época de más productividad del arrozal, cosa que les permite alimentarlas mejor, fenómeno que ha sido comprobado tanto en patos como en passeriformes.
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